“El enemigo no es magnánimo y es idiota” dice Miguel Rodríguez Casellas sobre el sector financiero, bancario y político

Nota de la Pupila: Esta es la segunda parte de una extensa y rica entrevista que tuvimos con el puertorriqueño Miguel Rodríguez Casellas. No hemos querido perder la extraordinaria aportación de Miguel en esta entrevista, por eso hemos decidido tener una tercera entrega. La tercera y última parte se publicará mañana 16 de mayo en la Pupila.


Por César J. Pérez Lizasuain

Miguel es un filósofo. Pero no es ese tipo de filósofo apologista presto a tomar la cicuta con el fin de aleccionar a sus conciudadanos. Como caribeño, su ágora es la figura vitalista del carnaval y no la imagen anquilosada del mártir. Como buen filósofo, Rodríguez Casellas transgrede el espacio y el medio por donde se merodea afirmando que cada Idea tiene su corporalidad. A pesar de ser profesor universitario, no se encuentra en su “performance” el runruneo pretencioso de aleccionar desde el atrio moral. En todo caso, a éste le interesa perturbar las subjetividades del confort, de la propiedad privada y de la redención personal.

Moliendo vidrio: desenlace del ELA, consensos violentos y brutalización del territorio

El desarrollo del Estado Libre Asociado (ELA) se encuentra estrechamente relacionado a esas figuras del confort y la redención personal: “Si tomamos la narrativa el siglo XX como fue, el enfrentamiento a la metrópoli y la resolución hermosa del ELA, se inscribe una especie de orden, progreso y marco legal. [También] se inscribe un proyecto de redención personal. Para mí, [ese imaginario] lo representa más que nada la casa de urbanización, el trabajo estable y el automóvil. Esa especie de imaginario de la gran vida, de la vida de la postguerra que se convirtió en una especie de plantilla de lo que es ser ciudadano en Puerto Rico. Y esta confusión del espacio, incluida la urbanización y las distancias y las separaciones; y también del tiempo que tiene una especie de línea muy clara y muy ligada a un capitalismo que necesitaba esa especie de horario predecible. Mucho de nuestra construcción del orden, de la racionalidad de la vida y de lo que es vivir bien y lo que es el progreso está predicado” en ese imaginario social.

Miguel utiliza todo su arsenal metodológico y hace hincapié que para pensar formas convivenciales alternativas es necesario perturbar la normalidad, procurar rupturas en los consensos de docilidad, jerarquías y violencias  que impregnan la cultura política y social puertorriqueña: “Ese espacio de urbanización, ese pedazo del progreso, del éxito, del consenso entre Estado y ciudadano, incluye también una especie de subjetividad de un hombre buen proveedor, de esta especie de ser magnánimo, justo, de una reconstitución del jíbaro bueno que es obediente que hace lo que tiene que hacer y que cumple con sus responsabilidades económicas y demás”. Seguido añade: “Y ese consenso, ese acuerdo […] errático como se manifestó en Puerto Rico, no tuvo una clase media completa con todo sus derechos y todo su bienestar y  ha habido que moler vidrio desde hace mucho tiempo y hay gente que no ha visto otra cosa que moler vidrio”.


“Vemos el tema de Podemos [en España] y otros movimientos que para bien o para mal han utilizado la redefinición del adversario dentro de la estrategia populista como una especie de recurso retórico pero también de movilización. En nuestro caso ese adversario empieza a tener unos elementos de clase: el segmento financiero de acceso al poder y a la deuda que empieza a tener nombre y apellido. Puerto Rico empieza a tener visión de adversariedad; se dan viejos resentimientos de clase que estaban ahí y que hay que explotar”.


El desenlace del ELA no solamente se da desde el plano de lo jurídico. El ELA ha sido también una figura de poder que ha producido una serie de valores e imaginarios que por mucho tiempo cooptaron la imaginación del hacer político puertorriqueño. Sin embargo, Rodríguez Casellas afirma que nos encontramos en una situación única desde la cual se tambalean muchos de los fundamentos teóricos y subjetivos del ELA. Pero no todos: “La realidad es que eso se cae, se viene al piso. Y aunque ese gran proyecto desaparece, lo que queda es su ruina, mira la gran fuerza que tiene ese imaginario donde la ley y el orden más que ser una imposición que solo se da desde arriba, desde los poderosos, desde el derecho mismo que lo inscribe, es una especie de convenio que quien lo impulsa es la misma ciudadanía. Es una inercia en donde cada ciudadano se convierte en su propio opresor, su propio dictador, su propio reproductor de esa lógica de controles y de derechos y de ciudadano cabal y de sobriedad y de amabilidad y toda esas idioteces que impiden unas tomas de conciencia y unos cortocircuitos más radicales”.

Como arquitecto plantea el asunto del “espacio” como uno de vital importancia y no asume la distribución espacial como un todo orgánico. Miguel intuye, sin embargo, que esa distribución del espacio en el Puerto Rico moderno se encuentra estrechamente ligado a las relaciones de poder que instauró el Régimen del 52’ y que ha resultado en un tipo de apartheid social y en lo que llama una “brutalización del territorio”:  “La suburbanización del país, hasta cierto punto, se plantea como un obstáculo a otros proyectos políticos de solidaridad y de conciencia de las necesidades del Otro. Porque lo que hace es aislarnos. Esa brutalización del territorio, que es violencia sobre el cuerpo, sobre nuestras identidades más cálidas”.

Se caen los molinos: la lógica del adversario, el populismo y Garden Hills

El Paro Nacional del primero de mayo (1M) significa una ruptura de esas nociones tradicionales sobre los espacios y geografías del poder en la escena local. Sobre todo, el 1M ha puesto sobre el tapete la identificación de un nuevo centro de poder, uno profundamente antidemocrático, en la figura del sector financiero y bancario: la Milla de Oro. Miguel pone su vista panorámica sobre el fenómeno y afirma de que se trata de la emergencia de un tipo de populismo radical (a lo Ernesto Laclau) que, si es bien manejado, puede abrir nuestro surco histórico al campo de las posibilidades: “Vemos el tema de Podemos [en España] y otros movimientos que para bien o para mal han utilizado la redefinición del adversario dentro de la estrategia populista como una especie de recurso retórico pero también de movilización. En nuestro caso ese adversario empieza a tener unos elementos de clase: el segmento financiero de acceso al poder y a la deuda que empieza a tener nombre y apellido. Puerto Rico empieza a tener visión de adversariedad; se dan viejos resentimientos de clase que estaban ahí y que hay que explotar”.

Rodríguez Casellas se opone ferozmente a la Junta de Control Fiscal, sin embargo podríamos señalar un elemento imprevisto que ha traído consigo la aprobación de PROMESA: ha sacado de las sombras y de sus zonas de confort a parte de la clase dominante “mondonguera” a la que hacía referencia en la primera parte de esta entrevista.

“Desde mi humor de nene de 5 años he sabido decir que esta es la Junta [de Control Fiscal] de Garden Hills y me la imagino reunida no en una oficina en Nueva York o en un quinto piso en la Milla de Oro o en el Bufete de Esperancito y Sicario. Sino que me la imagino reunida en una terraza de helechos y el gazebo con la piscinita al frente. Hay algo de vulgaridad en ver a […] muchachitos herederos endogámicos de un poder venido a menos. Sé y me consta, como mucho de esos poderes, realmente son mayordomos negociantes de hijos, nietos, bisnietos de segmentos que siempre han vivido de no tener un compromiso emocional con el país, ni social ni político, sino de gente que no se siente parte del lugar y por ende sus decisiones están basadas en intereses de clase, de familia inmediata y una especie de certeza mesiánica de que ellos son los blanquitos del país y son mejores que el resto”.


“El pueblo empieza a ver que estos seres no son estos dioses magnánimos e inteligentes y sagaces en su estrategias económicas y políticas. Si lo fueron fue en un momento dado cuando estábamos un poco ciegos a los procesos del gobierno y en la relación a la deuda. Pero ya sabemos, estamos despiertos y realmente descubrimos que son seres idiotas. Por eso insisto en que son un reducto endogámico del poder y de los cuerpos que alguna vez tuvieron  la sartén cogido por el mango”.


Para Miguel la clase dominante criolla nunca ha sido de gigantes. Más bien se trata de viejos molinos que, desde el Siglo XIX, viven enquistados en el fraude y el confort. Ante ello Miguel hace uso de una burla radical, política y despiadada: “Fíjate, el pueblo empieza a ver que estos seres no son estos dioses magnánimos e inteligentes y sagaces en su estrategias económicas y políticas. Si lo fueron fue en un momento dado cuando estábamos un poco ciegos a los procesos del gobierno y en la relación a la deuda. Pero ya sabemos, estamos despiertos y realmente descubrimos que son seres idiotas. Por eso insisto en que son un reducto endogámico del poder y de los cuerpos que alguna vez tuvieron  la sartén cogido por el mango.  Todavía la tienen, pueden hacer mucho daño, pero eso está cambiando. Ese antagonismo de ahora no es nada más a los partidos políticos. Eso es lo que El Nuevo Día quiso utilizar en su estrategia de que la culpa es de los partidos políticos para meternos con lubricante el supositorio de la Junta de Control Fiscal para dramatizar ese odio a los partidos políticos. Pero poco a poco la gente se va dando cuenta de que más que los partidos políticos, [se trata de] unos organigramas de poder que no tienen partido y que operan desde los bufetes, Gobierno y el eje de la banca y sectores financieros. Mucha de esa deuda se da mediante una complicidad de puertorriqueños contra puertorriqueños. Se trata de un antagonista que respira y vive entre nosotros”.

Como si evocara nuevamente a ese niño travieso de cinco años que lleva dentro, Miguel dispara:  “A estas personas hay que hacerles sentir que Puerto Rico no es un lugar agradable para ellos. Y no digo de que hay que amenazarlos o perseguirlos. Hay muchas maneras de causar incomodidad sin entrar en ilegalidad o violencia destructiva. Esa incomodidad hay que hacérsela saber. Hay que llevarlo a una práctica. Y esa incomodidad hay que convertirla en un escenario muy real para ellos. Tan real como el escenario que no va a tener pensiones, la gente que no tiene acceso a la salud, los estudiantes que no podrán pagarse una vida universitaria. Y todas las personas que nos hemos visto obligado irnos de Puerto Rico porque nos han expulsado. Hay que inventar nuevas y mejores formas de incomodidad para ellos”.