Entre la vida y la muerte: el péndulo post María

Por Sonia Serrano Rivera / Especial para la Pupila

 

¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?

El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.

Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.

El instante, J.L. Borges, 1964

En estos días, de regreso a la casa en las tardes, y en la guagua T2 que recorre Caparra, San Patricio, Roosevelt, la mirada sobre el paisaje me obliga a pensar en las paradojas que el huracán hace más visibles. Paradojas que tienen que ver con la vida y con la muerte. Las narrativas de miles de personas contaron  el espanto y el terror durante el huracán. Las aguas de ríos, mares y lagos entrando a sus comunidades y casas. Puertas y ventanas volando tras la furia del huracán, dejando entrar el terror y el desamparo a miles de hogares. Cientos de personas abandonaron sus hogares para convertirse en refugiados    

– con todo lo que implica -.  Para muchos, era parte del abandono que ya vivían. Abandonados por el Estado y sus instituciones -municipales o estatales-. Las imágenes de los medios de noticias hicieron visible la escena dantesca en suelo boricua. Se visibilizó la lucha por vivir tras los escombros del huracán. En esa lucha que insiste en recordarnos la presencia de la muerte.

El Centro de Periodismo Investigativo fue fundamental el señalar que tras María la cantidad de personas muertas aumentaba (Aparecen decenas de muertos no contados por el huracán María, María dispara las muertes en Puerto Rico en un 43%, Damnificados usan acuíferos potencialmente contaminados con sustancias químicas luego del huracán María, Caos en los hospitales operacionales, Seguirá aumentando cifra oficial de  muertos por María,  Pesquera reconoce que hay más muertos por María, Son muchos más los muertos de María). La muerte saturaba lo sucedido el fatídico 20 de septiembre de 2017. Enfermos que no tenían acceso a hospitales por el colapso total, pacientes que no podían recibir tratamientos, pacientes en hospitales que encontraron la muerte en los pocos hospitales que operaron, ancianos que morían en los hogares de cuidado y en égidas, enfermos que necesitan conexión eléctrica para respirar, personas que viven postrados en camas con necesidades de energía para sobrevivir o mantener sus vidas.  Aumentaron los casos de personas enfermas o muertas por leptospirosis, asmas, entre otros problemas causados por las condiciones ambientales. En algunas comunidades se intensificaron los escalamientos, robos, apropiaciones ilegales. En otras, los asesinatos se incrementaron. Aumentaron las enfermedades respiratorias debido a la contaminación ambiental por los gases de la plantas generadoras de energía, -que no se regula-.  Acercándonos cada día a la muerte. La muerte acechando, convirtiéndose en  parte de la cotidianidad. Casi asumiéndola como la norma. Ya Miguel Rodríguez Casellas y César Pérez-Lizasuain, en las redes insistían en el genocidio.

Mientras, el gobierno continuaba discutiendo sobre los contratos de lo que es fundamental para romper con ese cerco que nos aproxima a la muerte: la reparación de la energía eléctrica tras el paso del huracán.  Las actuaciones del Estado para contratar servicios que atiendan el desastre post María, me recuerda la lógica binomial entre la vida de unos y la muerte de otros. Las prácticas estatales manifiestan el poder soberano que puede decidir sobre la vida y la muerte. La vida traducida en los contratos millonarios, (FEMA, Homeland Security, Departamento de Justicia Federal, Departamento de Transportación Federal, Departamento de Asuntos del Veterano,  APPA, Academi, Whitefish Energy Holdings, COBRA, CSA Group, Deloitte & Touche). También, nos lo recuerda lo que narraba el CPI, en Paradise Performs: el gobierno proyecta a Puerto Rico como paraíso para la contratación después del huracán María,  en que, cuando unas puertas se cierran, otras se abren, aludiendo a  la convocatoria del gobierno actual a empresas para que hagan inversiones económicas en Puerto Rico tras el paso del huracán María. Esto es, el Puerto Rico post María como un paraíso que funciona, un país de oportunidades, un big fish del que tenemos que tomar ventaja, o como señaló Roselló en su participación en esta actividad titulada Rebuild Puerto Rico: the Economic Summit, al aludir que Puerto Rico va a tener un renacimiento bigger, better, stronger.

A mi manera de ver, la gestión del gobierno -de ese Estado que cada día desaparece un poco más- profundiza el movimiento pendular entre la vida y la muerte. La vida de unos, y la muerte de otros.  Nos recuerda Giorgio Agamben, que “soberana es la esfera en que se puede matar sin cometer homicidio y sin celebrar un sacrificio; y sagrada, es decir, expuesta a que se le de muerte, pero insacrificable, es la vida que ha quedado prendida en esta esfera… la vida expuesta a la muerte”. La valorización y politización de la vida, tiene como efecto, que hay vidas que dejan de ser importantes, pierden su relevancia política. César Pérez-Lizasuain, en su escrito La breve historia de #56 o cuando la muerte define la vida de los vivos,  nos dice que  nuestros muertos son nuestros pobres; nuestros viejos desamparados; nuestros enfermos; y nuestros olvidados en los campos. Alude a los muertos como sujetos impolíticos, desprovistos de identidad política.  

Ya no se trataba de las muertes directas por el paso del huracán María, sino de las muertes como efecto del abandono de la vida. Las muertes de las personas que necesitaban energía eléctrica para su condición de salud, de las muertes de personas por estar expuestas a bacterias y virus, entre otras situaciones. Tanatos hizo su aparición. Comenzó el ajuste demográfico. La tanatopolítica como la política que designa la vida de unos y como efecto, la muerte de otros. Es el vínculo irremediable entre la política de muerte y la vida. O, el vínculo entre muerte y política. Es el derecho de muerte que mantiene el soberano nos recuerda Agamben, sin que constituya homicidio. No constituye una política de muerte, al decir de Agamben, sino una práctica de biopoder que incrementa la vida con prácticas de muerte. En que unos sectores tuvieran servicio de energía eléctrica, como Plaza Las Américas, el sector Milla de Oro, donde está la Junta de Control Fiscal, supuso la vida, en todo el sentido, para unos sectores. Y al mismo tiempo, constituyó el atraso, la imposibilidad, el abandono para otros sectores.  

Es cuando, al decir de Agamben, la vida es objeto de la política estatal. La vida de unos, la muerte de otros. La muerte como motor de desarrollo social. Recordemos que el gobierno local ya planteaba la dificultad económica para sostener la tarjeta de salud. Estos muertos, familiares, amigos, amigas, vecinos, vecinas muchos ancianos y ancianas, en égidas y hogares de cuidado, en hospitales, en sus casas, murieron luego de Irma y de María, y muchos tenían acceso a la cubierta de la tarjeta de salud provista por el Estado. Así como también, recordemos el nivel tan alto de desempleo en el país. Problema que de alguna otra manera se va resolviendo con el éxodo de miles de personas, familias, y que se intensificó en el post María. Unos se van, otros se quedan, y se produce así, un ajuste demográfico. Lo cual nos invita a reflexionar sobre quiénes son los que mueren/los que se van, y quiénes son los que viven, los que se quedan. Roberto Esposito decía que la muerte se presenta como sacrificio para la comunidad o lo común –para la muerte de unxs como sacrificio para que otrxs vivan-. Y también, reflexionar sobre la paradoja entre la agudización de la pobreza de unxs, quienes perdieron casas, muebles, ropa, enseres, carros, empleos, no tenían comida ni agua, pequeños negocios que han cerrado, o no pudieron abrir, y por otro lado, la intensificación de la riqueza de Costco, Amazon, Walmart, Sams, Home Depot, Walgreens, CVS, Coca-Cola y otras compañías que embotellan agua,  Puma, Shell, entre otras.

Achille Mbembe, me recuerda, que asistimos a la necropolítica, entendida ya como una política de la muerte. Asistimos a tiempos en que hay vidas que pueden ser  sometidas al ejercicio de la muerte.  Y, que si bien, en lo contemporáneo, pueden ser prácticas de indiferencia a la muerte de unxs. Constituyen políticas que asumen que hay seres humanos para la muerte. Recordando a Zygmunt Bauman, vidas que ya no eran vidas, vidas invivibles. Son vidas que estaban en el abandono. Es el Homo sacer. Es la nuda vida, aquella expuesta al poder soberano, reducida a lo biológico, sin significación política, al decir de Agamben. Sujetas al péndulo. En el juego que hace vivir y hace morir. Porque el soberano decide. El soberano puede matar, sin cometer homicidio, sin someterse a la ley. Ejerce su derecho soberano del derecho de muerte.

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