Huracán María: De la excepcionalidad al municipalismo y de ahí al pueblo

Por José Atiles Osoria* / Especial para La Pupila / Foto: César J. Pérez Lizasuain 

Probablemente esta reflexión llegue muy temprano en la crisis que afecta Puerto Rico, o tal vez muy tarde. La realidad es que a una semana del paso del Huracán María una serie de hipótesis político-filosóficas pueden ser formuladas. Como bien es sabido, las hipótesis son siempre ideas preliminares sobre las cuales formular un proyecto más amplio, o por qué no, para abandonarlas a la orilla de la carretera. 
Esta metáfora, por desafortunada que parezca, alude a la actual condición puertorriqueña. Estar en la orilla de alguna carretera, en el paseo, o simplemente en la carretera a la espera de gasolina o la apertura de cualquier comercio desprovisto de los suministros básicos constituye el estado actual de la espera permanente en la que nos ha dejado el huracán María. La espera se ha constituido en el estado actual del sujeto colonial puertorriqueño. Pero la pregunta que un lector ávido realizaría, es sí ese estado de espera permanente es simplemente nuevo o solo una transmutación de lo que ha sido y es ser puertorriqueño/a. Tal vez, algún día abandonemos las orillas, y comencemos a ocupar las calles, pero eso solo vendrá en otro momento, por ahora nos corresponde vivir. Y porqué no, sobrevivir.  
1.La primera hipótesis que pretendo proponer es la de la ineficacia del modelo excepcional. El gobierno central asumió desde muy temprano, el estado de excepción como mecanismo para atender la crisis generada por el huracán María. Ese modelo autoritario y antidemocrático, que ampliamente he trabajado en otro lugar, se ha mostrado ineficiente e incapaz de atender las verdaderas necesidades de la gente, del pueblo, en fin, de los sujetos a la espera. El estado de emergencia, la ley seca y el toque de queda decretado por el Gobernador Rosselló, no ha podido atender y solucionar los problemas que el huracán María ha generado. Asimismo, la reinvanción de centeneras de militares, de miembros de la reserva del ejército federal y de la guardia nacional no han podido solventar los problemas de desabastecimiento de combustible, de agua, electricidad y los servicios de las telecomunicaciones.  
En el momento en el que se escribe, a una semana del paso de la tormenta, en la ciudad de Mayagüez, nos encontramos totalmente incomunicados. Desprovistos de todo tipo de información salvo aquella que nos proveen la Radio. En ella, se nos dice que el gobierno de Puerto Rico y su gobernador están asumiendo el control. Que han declarado un toque de queda indefinido y que la situación está bajo control, empero, lo que encontramos es que ese modelo ha fallado, que no han sido capaces, bajo la lógica de la soberanía menguada de un estado de excepción interno y del autoritarismo militarizado entender las más básicas necesidades del pueblo.
Probablemente la experiencia del área metro sea otra, mientras nos llega la comunicación y descubrimos que pasa en ese otro lado de la Isla acá hemos descubierto otra forma de atender las necesidades de los y las subjetividades en espera.  
2. El municipalismo, es decir, los alcaldes y los funcionarios locales han probado ser los vehículos para atender, gestionar la crisis y aliviar el dolor de la gente. Si algo ha probado la crisis generada por el paso de María es que los municipios tienen la capacidad para atender y gestionar la crisis de formar efectiva y directa. 
Contrario al gobierno de Puerto Rico, y de la administración Rosselló, los alcaldes y las alcaldesas han actuado de a través de mecanismos más democráticos y desde lógicas comunitarias impensables hasta hace unas semanas. Las alcaldesas y alcaldes se han dado a la tarea de trabajar con las comunidades, a atender las necesidades de las comunidades sin la necesidad de aplicar mecanismos excepcionales o autoritarios, sino que por el contrario han aplicado una ética radical de responsabilidad por el Otro. 

Esto nos muestra que, contrario a la doctrina y al sentido común generado por la lógica liberal, las crisis no se resuelven a partir de la imposición de estructuras excepcionales y de la limitación de la democracia, sino que las crisis se resuelven dando paso a una radicalización de la democracia. 

Es decir, no necesitamos al ejército o una estructura fuerte y autoritaria, sino que necesitamos mayor democracia, mayor participación comunitaria. Necesitamos líderes que se responsabilicen por el pueblo al tiempo que sean capaces de consentir con el Otro.  
Un ejemplo de ello, son las lágrimas derramadas por el alcalde de Vega Alta, en el centro de Convenciones de Puerto Rico en la tarde de martes 26 de septiembre. Al alcalde llegar al lugar donde se concentran los fallidos esfuerzos de coordinación para gestionar la crisis irrumpió en lágrimas al momento de contar el estado de devastación en el que se encuentra su pueblo. Esas lágrimas, son las de aquel/aquella que se sabe impotente ante el sufrimiento del pueblo. Tal vez, necesitemos gente que, como tantos de nosotros/as, ha llorado por el hecho de saberse impotente.  
3. El huracán María ha probado el fallo definitivo del modelo económico/corporativo impuesto en Puerto Rico como parte de la estructura colonial-capitalista. Todos los esfuerzos empleados para solventar y atender la crisis a través del modelo de contratación de empresas privadas se han mostrado impotentes e inoperantes. Hemos visto, como las compañías de telecomunicaciones han sido incapaces de mantener al país incomunicado; como las compañías de distribución de combustible y de alimentos nos han mantenido a la espera. Por el contrario, ha sido el modelo comunitario el que ha permitido atender de forma más efectiva la crisis.  Fueron las comunidades y los voluntarios los que abrieron caminos, los vecinos son los que distribuyen el agua y la luz. Pero a esto iremos luego, por ahora miremos una vez más a las corporaciones.  Estas, en el modelo económico-capitalista-neoliberal se han constituido a sí mismas en las salvadoras de la economía, empero, en el momento de la crisis han probado ser ineficientes e incapaces en atender los verdaderos intereses del pueblo. Sin embargo, el gobierno central, ese que se funda en el modelo de excepción, ha insistido en subcontratar a corporaciones para que atiendan los intereses de los ciudadanos. Por ende, el modelo de las corporaciones, de los subsidios corporativos y de la subcontratación de corporaciones es el modelo del estado de excepción. Por lo tanto, es un modelo fallido.
Probablemente, sea tiempo de pensar en un modelo postcorporativo, tal vez sea el momento de la responsabilidad y de la comunidad.  
4. Las comunidades, los vecinos y los expatriados/diáspora se han constituido en el icono de la responsabilidad por el Otro.
Han sido las comunidades las que le han hecho frente a la actual situación y han sido ellos, los que han trabajado hombro con hombro por el bienestar de todos. Desde la mañana después del huracán María las comunidades se levantaron al son de sierras, machetes y rastrillos, hasta las bolsas de hielo y la comida intercambiada a diario las comunidades y los vecinos han sido lo que se han hecho cargo de atender la crisis.  Muchos fueron los que llamaron a las radios regionales para pedir y dar información a sus familiares y para buscar ayuda. A esos llamados, otros ciudadanos entendieron y ayudaron. De la mano del esfuerzo titánico de las radios del oeste (710 am y 990 am) y del sur (550am) por mantener la información, en este momento histórico ha surgido una nueva subjetividad política. Será el momento de pensarla y de buscar los elementos constitutivos de la misma.     
5. La subjetividad política que está emergiendo es una que se surge ciertamente en la desesperanza, en las lágrimas, en la angustia y sobre todo en la espera. No obstante, esa subjetividad política no se funda en la desesperanza, sino que interesantemente esta encadenada a una responsabilidad objetiva y radical por el Otro. No pretendemos romantizar la realidad puertorriqueña en este momento. La verdad es que nos encontramos en tiempos de crisis que de no ser atendidas efectivamente pueden desembocar en mayores acotos de violencia, de saqueos y de intolerancia.
Pero interesantemente en el fondo, en la raíz de esos sujetos políticos populares se encuentra un sentido de responsabilidad y de compasión plasmadas en la capacidad para formular un futuro de esperanza. Tal vez nunca lo veamos. Tal vez, el colonialismo, la visita de Trump y el modelo excepcional-corporativo termine aniquilándolo. Pero, todavía existe la posibilidad de que como a la mañana siguiente del huracán, los puertorriqueños, esos que hoy en la desesperanza y en el desasosiego de sentirnos que no existe futuro, podamos volver a ocupar las calles.  
* El autor es profesor en el RUM y co-editor de La Pupila.

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