Lxs docentes sin plaza en la UPR: “La figura del ‘sin plaza’ opera bajo la lógica de la expropiación”

Por Teresa Peña Jordán y César J. Pérez Lizasuain /Especial para la Pupila

La lógica de la deuda y de la crisis neoliberal tiene efectos visibles y afecta la cotidianidad de la gente común, así como la efectividad de los servicios públicos que utiliza: el no contar con un eficiente sistema de transportación, el mal estado de las vías, la ineficiencia del sistema de salud, el cierre de 200 escuelas, la amenaza que actualmente enfrenta la educación superior, la alta tasa en la ejecución de hipotecas, entre otros. Un efecto particularmente violento lo es la precarización en los escenarios laborales, como lo demuestra la recién aprobada reforma laboral que afecta a miles de trabajadorxs públicos y privados en el país. La Universidad de Puerto Rico (UPR) no es la excepción en este escenario de contrarrevolución neoliberal.

Este es el caso de lxs llamadxs docentes sin plaza en la UPR. La Dra. Marla Pagán, del Recinto Universitario de Río Piedras, asegura que se trata de una práctica regularizada en las instituciones de educación superior públicas y privadas:  “El modelo del docente sin plaza es uno que se considera para implantación en la educación superior en general, debilitando así toda expectativa de alto rendimiento de las instituciones y de los educandos. Sobre todo, para los docentes con plaza y sin plaza implica la eliminación total de la seguridad laboral”.

Afirma esta profesora que se trata, en definitiva, de “un fenómeno que ha tomado auge en las últimas décadas y que para muchos refleja la vertiente anti-educación y anti-intelectual del sistema neoliberal. Estas condiciones facilitan instancias de discrimen porque ya de por sí esta práctica implica condiciones de injusticia laboral, económica y social”.

¿Qué es un(a) “docente sin plaza”?

Interesantemente, la UPR comenzó a precarizar sus espacios y lugares de trabajo mucho antes que se aprobara la reforma laboral durante el corriente año. En ese sentido, esta institución ha pasado la última década creando toda una sub-clase de trabajadores docentes a quienes crecientemente se les conoce como “lxs sin plaza”. Éstos son miles de profesionales cuyas condiciones laborales no les permiten llevar una vida digna ni desarrollar cabalmente sus funciones como educadorxs, investigadorxs y servidorxs públicos. Bajo esta sub-clase, se encuentran profesorxs, bibliotecarixs y consejerxs, que trabajan a tiempo parcial o a tiempo completo (en la minoría de los casos) y que no reciben la misma paga por igual trabajo, ni los mismos beneficios marginales que un docente con plaza permanente o en vías de permanencia.

El personal docente sin plaza también se refiere a esta categoría de profesorxs que trabaja bajo una brutal inseguridad laboral y que, en el caso de los contratados a tiempo parcial, es condenada a vivir con salarios bajo el nivel de pobreza, sin seguro médico y sin tener expectativas de continuidad laboral. A su vez, estxs docentes sufren de un profundo déficit democrático pues no pueden participar en la toma de decisiones institucionales que afectan sus condiciones laborales y de vida.

Una cotidianidad violenta: los efectos de vivir como docente sin plaza

En términos concretos, estxs son lxs docentes desplazadxs, cuyas vidas son desvaloradas y cuya precarización social es signo del creciente desprecio gubernamental por la educación pública del País. La paulatina sistematización de las lógicas neoliberales de producción no solo promueve condiciones de trabajo precarias, injustas y discriminatorias, sino también desplaza vidas, saberes y esperanzas.

Esta ha sido la historia de Judy Ann Seda, quien desde el 2003 es profesora por contrato en el Recinto Universitario de Carolina:

“Los efectos de vivir como docente sin plaza han sido varios. Muchos años con un sueldo por debajo de lo justo, siete años esperé para tener un hijo, ocho viviendo alquilada, cambios constantes de sueldo pues no siempre es la misma carga académica, meses sin cobrar (diciembre, julio y agosto). Además de recurrir a  hacer otros tipos de trabajo…”.

Por su parte, la Dra. María Rodríguez*, profesora por contrato a tiempo completo en el Recinto Universitario de Mayagüez, declara los efectos nocivos de su condición laboral en su vida diaria, viéndose afectada tanto su familia como su salud. La profesora ha narrado con detalle la manera en cómo las políticas macroeconómicas terminan precarizando la cotidianidad de la vida de lxs trabajadorxs universitarios llegando a afectar, no solamente su salud, sino incluso sus planes de retiro:

“Los beneficios como plan médico se ajustan a este modelo [de precariedad laboral], así que si me enfermo en verano, mis pocos ahorros se van en el pago de visitas, medicamentos y hasta hospitalizaciones. Ni hablar de la posibilidad de poder comprar un hogar propio, ya que al no tener permanencia, hasta el financiamiento de un carro es difícil lograr. No acumulamos retiro, y es muy difícil ahorrar para el propio ya que los ahorros que podamos efectuar son para sobrevivir los meses sin cobro. En términos de salud me he visto sumamente afectada, física y emocionalmente. La ironía es que durante los meses en los que cuento con un excelente plan médico, no puedo atender mis asuntos de salud física y emocional por falta de tiempo, mientras que en “vacaciones” si me enfermo, me voy a la ruina”.

La reforma laboral entrada en vigor durante los últimos meses, ha puesto sobre la mesa uno de los elementos y efectos principales de las prácticas neoliberales en los escenarios de trabajo: la inseguridad laboral y contractual. Los bajos salarios que crecientemente recibe la clase trabajadora obligan a miles de personas a trabajar dos o hasta tres jornadas de trabajo diarias, muchas de esas horas sin remuneración, para poder cubrir las necesidades económicas básicas individuales y familiares. Este es el caso de la Dra. Marla Pagán quien ha sido profesora sin plaza por los últimos tres años en el Recinto de Río Piedras. Pagán habla sobre el exceso de trabajo al cual es sometida, y cómo estas condiciones laborales han afectado y continúan afectando el bienestar de su familia:

“Acepté las ofertas de cursos adicionales porque necesito empleo. El exceso de trabajo es consecuencia de la estructura que se ha creado, lo cual estoy obligada a aceptar en función de asegurar algún recurso económico adicional. El exceso de cursos para enseñar (y las consiguientes horas de oficina, mentoría, corrección, preparación y colaboración que no son remuneradas) representan una sobrecarga que limita la continuidad de la investigación y la publicación, actividades que son centrales”.

La profesora hace hincapié en que los efectos de la precariedad del trabajo no solamente son individuales, sino que se trata de toda una cadena social que empieza por el núcleo familiar. Añade la Dra Pagán:

“El tiempo de calidad que puedo dedicarle a mis hijos y sus necesidades es limitado ya sea porque estoy fuera de la casa por largas horas, porque estoy preparando clases y corrigiendo o porque llega un momento en el que el agotamiento mental no me permite ser funcional. Simultáneamente, precisamente porque tengo dos hijos me he visto en la obligación de aceptar cualquier condición laboral para poder, al menos, cumplir con sus necesidades físicas y materiales. Mi inseguridad laboral produce inseguridad en el hogar; no sabemos si podremos seguir pagando renta ni servicios esenciales próximamente ante la extensión del semestre sin renovación de contratos, ante los cortes propuestos para la universidad y ante la inseguridad de la asignación de contratos como práctica generalizada”.

La lógica del like y de “thumbs up!”: lxs sin plaza como figura subjetiva de la crisis neoliberal

Desde hace poco más de una década, la Universidad de Puerto Rico viene experimentando importantes cambios estructurales. Quizás, el más importante tiene que ver con la racionalidad corporativa que ha ido impregnando sus modos de gobernanza. En términos sociológicos este tipo de gobernanza consiste en introducir prácticas de exclusión que, por un lado, precarizan las condiciones y espacios de trabajo, mientras que, por otro, crean modelos de acumulación de riquezas para las capas “altas” o administrativas de la institución. Ello explica los jugosos salarios y contratos en las ramas administrativas de la UPR: particularmente, Presidencia y Junta de Gobierno.

Lxs docentes sin plaza son el objeto mismo de la precarización que promueve ese modelo corporativo: “Debemos entender que el tema de la discriminación hacia lxs sin plaza en el ámbito universitario es complejo y multidimensional”, ha señalado el Dr. Raúl Ayala*, un profesor que lleva tres años en estas condiciones y que ha preferido realizar estas declaraciones de manera anónima. Sostiene el profesor que:

“El discrimen está en la raíz de la propia existencia de lxs sin plaza o lxs desplazados, ya que este se manifiesta de forma institucional y/o está imbricado en la propia estructura  y en las lógicas del sistema. El discrimen en la universidad se manifiesta a través de las estructuras antidemocráticas y autoritarias que definen las “prácticas administrativas-neoliberales”. De modo que lo que encontramos en la universidad es la sistemática exclusión de lxs sin plaza en la participación de las decisiones, en la elección de cursos y horarios”.

Por su parte, para el catedrático auxiliar del RUM, José Atiles Osoria, la UPR no es un ente ajeno a la realidad social, económica y política por la que atraviesa el País. Por eso intuye que el/la docente sin plaza es el resultado directo de un sistema económico y político que ha colapsado: “El neoliberalismo, como bien sabemos, se fundamenta no en la creación de riquezas, sino en la expropiación de las riquezas. De modo que en la universidad la figura del desplazado, del profesor precario, del sin plaza opera bajo la lógica de la expropiación”. Y añade que este sistema económico vive  “…de la desigualdad y de la extrema pobreza, puesto que de esa forma es posible la extrema-riqueza. La universidad neoliberal, necesita de lxs sin plaza, puesto que ello garantiza el sistema de privilegios y las estructuras jerárquicas. En fin, la figura del sin plaza es la manifestación de la desposesión en el ámbito universitario”.

El sujeto precario es una de las figuras subjetivas de la crisis social y económica por la que atravesamos. Eso quiere decir que estas condiciones de trabajo -que se viven y se experimentan a diario por un espacio que en ocasiones sobrepasa los 5, 10 o 15 años-, marcan, de manera perversa, el carácter y la psiquis del individuo. En esa línea se ha expresado la profesora María Rodríguez* quien ha asegurado que esta práctica laboral y excluyente en la UPR la ha hecho sentir como una persona “desechable”: “Mis experiencias con la administración en muchas ocasiones me han llevado a sentirme como un plato desechable, el cual es necesario para poder comer en ese momento, pero una vez se utiliza, se desecha sin pensarlo dos veces”.

Desechable se va tornando también el tipo de educación superior que va resultando de esta tendencia laboral en la UPR. La precariedad contractual a la que son sometidxs lxs docentes sin plaza convierte el escenario de trabajo en uno de plena competencia y convierte al estudiantado en un mero objeto-consumidor. En ese aspecto ha abundado el profesor Ayala: “Lxs sin plaza, en tanto que sujetos precarios, somos el sector universitario que de forma más vergonzosa ha tenido que asumir las prácticas psicopolíticas y de mercantilización del yo. En pocas palabras, lxs sin plaza, no operamos bajo la lógica de la docencia, sino bajo las lógicas neoliberales de mercado y del producto. Lxs sin plaza en la mayoría de las ocasiones nos debemos comportar como un producto o como un “emprendedor” que tiene que venderse a sí mismo. Esto justamente es lo que se define como racionalidad neoliberal y de ahí que la docencia sin plaza no se trate de la libertad de cátedra, sino de la lógica del like y de thumbs up!”.

Desde los márgenes: lxs sin plaza como figuras de contrapoder

Recientemente, lxs docentes sin plaza han levantado sus voces y han tenido su primera asamblea nacional el pasado viernes 26 de mayo. En ella, más allá de recabar y empantanarse en la negación de las difíciles condiciones que enfrentan, se han afirmado como figura de poder; pues pronto, si continúan las tendencias de las últimas décadas, la mayoría de los trabajadorxs docentes del Sistema de Educación Pública del País serán lxs sin plaza. A tales efectos, en dicha asamblea se constituyó como una mesa de negociación la Coordinadora Nacional de Docentes Sin Plaza (CoNaD) con miras a instar a la administración universitaria a negociar mejores condiciones laborales.

Y es que en definitiva, como ha insistido el sociólogo John Holloway, el capitalismo domina e interviene en gran parte de nuestras relaciones sociales pero no está exento de grietas y sujetos que operan desde márgenes para subvertir las prácticas de exclusión neoliberales.

La Dra. Pagán entrevé esas posibilidades desde los marcos de la resistencia y solidaridad que se van construyendo entre el profesorado sin plaza en la UPR. Desde esta óptica, ha finalizado la profesora afirmando lo siguiente: “Desde los márgenes se pueden producir propuestas innovadoras que generen nuevas discusiones y formas de plantearnos nuestras formas de vida y la continuidad de nuestro compromiso con la creación, la investigación y su diseminación. Expresar solidaridad, resistencia, voluntad de transformación en la manera en que se manejan los contratos tiene que surgir de la universidad como comunidad. A los docentes sin plaza nos corresponde visibilizar los efectos de estas prácticas, educar, concienciar. Es momento para ejercitar nuestra capacidad creativa como nunca antes. Sin exagerar puedo afirmar que nuestras vidas dependen de ello”.


*A petición de algunos de lxs entrevistadxs, sus nombres han sido modificados.

**Las gráficas fueron confeccionadas por el periodista Emmanuel Estrada López. Agradecemos el permiso para su uso en esta entrada.