Nuda Vida colonial

Por José Atiles Osoria / Especial para La Pupila

Con voz quebrantada el acalde de Comerio informaba en la radio la noche del jueves 28 de septiembre que en su pueblo -uno de los más afectados por el paso del huracán María- los/as ciudadanos/as carecían de todos los suministros básicos. Señalaba que durante días había solicitado al gobierno, al Departamento de Salud y a FEMA que le enviaran suministros y combustible y que sus llamados y reclamos no habían sido atendidos adecuadamente. En un momento de la entrevista, el alcalde -imbuido en la impotencia y en la desesperación y casi como sin poder decirlo- le indicó al reportero, que sus conciudadanos/as estaban tan desesperados/as que habían recurrido a tomar agua de escorrentías. Ese fue el momento en el que todos los que rodeábamos el radio lloramos. La angustia de sabernos insignificantes para un gobierno que, -a la espera del momento preciso y oportuno para hacer campaña con las ayudas enviadas por tantos/as puertorriqueños/as expatriados/as-, acumula víveres y suministros en el puerto de San Juan y en el Coliseo de Puerto Rico. Todo ello, nos hizo entender que no estábamos solos, sino que como los/as ciudadanos/as de Comerio, todos/as hemos sido abandonados/as.

1. Como resultado del paso del huracán María, el gobierno de PR, la administración Rosselló, la Junta de Control Fiscal y el gobierno de los EEUU a través de su ejército y sus agencias de ayuda humanitaria (FEMA, entre otras) han establecido el estado de excepción. El estado de excepción se ha manifestado, como vimos en una columna previamente publicada en La Pupila, a través de la imposición de un toque de queda indefinido, de la ley seca y de la militarización de la seguridad, los puertos, la distribución de suministros básicos y del propio gobierno. Ahora bien, otra forma o manifestación de la excepcionalidad desarrollada o ensayada por la administración Rosselló y la Junta de Control Fiscal, puede ser definida como la imposición de la vida desnuda. Esto es, los/as puertorriqueños/as han sido subsumidos a la forma-de-vida que impera en el estado de excepción y que el filósofo italiano Giorgio Agamben, siguiendo la tradición biopolítica, ha denominado nuda vida y homo sacer. En esta breve columna nos disponemos a mostrar de qué se trata esta práctica y cómo los/as puertorriqueños/as han sido abandonados por los gobiernos de PR y EEUU y por la Junta de Control Fiscal a una forma-de-vida que no merece ser vivida. Esta práctica, que bien es una manifestación inherente del colonialismo, ha sido radicalizada como resultado de la actual crisis.  

2. La vida desnuda se resume brevemente como la interpretación biopolíitica de la vida, donde el sujeto y su vida son vistos/definidos sin contenido y sin valor jurídico, político y social. El homo sacer se le puede dar muerte, pero no puede ser sacrificado, puesto que su vida no es sacrificable ya que no tiene valor alguno. Es decir, los sujetos que poseen la forma-de-vida inscrita en la vida desnuda son abandonados a su suerte de tal modo que su muerte o, por el contrario, su subsistencia no tiene ningún significado político y jurídico. La forma-de-vida que instaura esta racionalidad implica que un ser humano puede morir o vivir y ello no afectará la funcionalidad del estado y el gobierno.

De lo que se trata es de la aplicación descarada del poder y de la racionalidad excepcional en nombre de un bien mayor abstracto e intangible (entiéndase salvaguardar la seguridad; para la Junta salvar los intereses económicos de los bonistas; y, para la administración Rosselló ganar las próximas elecciones). Los/as puertorriqueños/as han sido abandonados por el estado a su suerte, al punto que han dejado de contabilizar las muertes y/o han comenzado a encubrirlas como hechos no relacionados con el huracán María. En fin, la imposición generalizada de la vida desnuda parece ser la lógica que impera detrás de la falta de distribución de las ayudas a aquellos/as que más las necesitan.

La vida desnuda a la que hemos sido abandonados/as, no solo es producto del colonialismo y de la excepcionalidad, sino que también es el resultado de una década de austeridad. La austeridad es una forma de violencia política que consiste en la desposesión masiva de recursos y su redistribución y acumulación entre las élites económico-políticas. Luego de una década de violencia de austeridad, y de más de un año de existencia de la Junta de Control Fiscal y de la imposición de medidas de “ajuste fiscal”, y ante la crisis generada por el huracán María, queda de manifiesto esta lógica violenta a la que han sido sometidos los/as puertorriqueños/as.

La vida desnuda que hoy experimentamos, es resultado directo de la eliminación total de los servicios básicos y de la red de apoyo que, en aún con dificultades, el estado y los gobiernos trataron de establecer desde la década del 1950. Es importante señalar que la crisis que está afectado a PR no es solo resultado del paso del huracán María, tal y como constantemente lo repiten la mesiánica administración Rosselló y los medios de comunicación, sino que es el resultado directo del neoliberalismo y de décadas de austericidio. El huracán María es la radicalización de la crisis económica generada por el capitalismo-colonial y las soluciones a propuestas por la racionalidad neoliberal. Soluciones que no han hecho más que empeorar las condiciones de vida de los/as puertorriqueños/as.

Si aceptamos esta tesis, podemos comprender que tanto la Junta de Control Fiscal, los gobiernos de PR y EEUU, la administración Rosselló, así como los intereses corporativos y económico-políticos (esos que ya se están beneficiando de la crisis generada por el paso del huracán María) son responsables política, jurídica y moralmente del daño social infringido en la actual situación. En pocas palabras, los antes mencionados son responsable por llevar a PR a la situación precaria en la que estaba antes del paso del huracán y serán responsables por el sufrimiento y las muertes que la actual crisis genere.

De ahí que, uno de los engaños contantemente repetido por la administración Rosselló es que todos/as estamos en esto. La realidad es que en esto (es decir, la crisis, la falta de recursos y el dolor generado por la violencia de la austeridad; i.e. vida desnuda) solo estamos los/as trabajadores/as, los/as pobres, los/as refugiados/as, los/as ancianos/as, los/as discapacitados/as, y un sector importante de los/as servidores/as públicos/as. La violencia de la austeridad siempre es aplicada hacia abajo, allí donde hoy habita la vida desnuda.

3. Las largas filas de cuerpos que habitan las orillas de las carreteras a la espera de gasolina, son la primera y tal vez una de las manifestaciones más evidentes de la vida desnuda. Esperar por horas para abastecernos de gasolina, de efectivo, de agua y de hielo, es una muestra del resultado de años de políticas neoliberales, del fallo estructural del gobierno y de la violencia de la austeridad. Pero también es una muestra de que no hay intención alguna de atender las necesidades más básicas de los/as puertorriqueños/as que ante la falta de un tejido social y de un estado que provea de los servicios básicos se han tirado a las calles en búsqueda de su subsistencia.

Los cuerpos catatónicos, en estado de shock que se amontonan en largas filas, son la evidencia fehaciente de la vida desnuda, pero también son la muestra radical de la falta de responsabilidad por parte del gobierno, de la Junta y de los intereses corporativos. Estos cuerpos son en última la manifestación primaria de la precariedad impuesta por fuerza de la violencia de la austeridad.  

Detrás de esas filas, se encuentran los llamados casi permanentes en la radio de hospitales, hogares de ancianos, egidas y centros de cuido para que se le suministre gasolina, diésel y agua. Esos llamados, que seguramente no son escuchados en la burbuja de militares y funcionarios de gobierno concentrados en el Centro de Convenciones de Puerto Rico, son otra manifestación del precario estado de la vida. Por ejemplo, hace unos días supimos que dos ancianos murieron en un hospital debido a que el hospital se quedó sin gasolina. ¿Acaso no son responsables los gobiernos, la Junta y los distribuidores de combustible por esa esas muertes? ¿Es momento de hablar de crímenes de estado y de las corporaciones, o debemos seguir esperando a que el número de muertos sea mayor?

4. Desde hace décadas las administraciones locales han impuesto una política de endeudamiento y de precarización de la Autoridad de Energía Eléctrica. Hoy, como resultado del paso de los huracanes Irma y María, Puerto Rico se encuentra casi en su totalidad a oscuras. Es sabido, que las políticas de austeridad y las ambiciones de privatización de la AEE han generado que la corporación pública se encuentre un estado precario. Ello ha desatado el efecto domino que estamos describiendo en esta columna: las largas filas en las gasolineras; la gente que muere en los hospitales, en sus hogares y en las calles; la falta de agua; la falta de telecomunicaciones; la escasez de alimentos, etc.

Ahora bien, de la mano del abandono del sistema eléctrico y los efectos violentos que ello tiene sobre la ciudadanía, debemos notar que los/as trabajadores/as de la AEE hacen un esfuerzo desproporcionado para reestablecer el servicio eléctrico. Ese esfuerzo viene acompañado de una falta de recursos, de materiales y de una pobre regulación de la seguridad de los trabajadores. Desde el huracán Irma pudimos ver imágenes de trabajadores arriesgando su vida para reestablecer el servicio. La pregunta clave aquí es si estamos dispuestos a seguir generalizando la vida desnuda. ¿Realmente estos trabajadores deben morir en nombre de una corporación que no toma las medidas pertinentes para garantizar su seguridad? ¿Es necesario que estos trabajadores entreguen su vida por una corporación que los administradores han decidido que no merece ser defendida y que en cualquier momento pueden privatizar? ¿Se harán responsable los bonistas, administradores y asesores de la AEE por los daños y efectos que tenga la falta de regulación y de seguridad?

Los trabajadores y los/as abonados/as de la AEE, son otro ejemplo del abandono de los puertorriqueños a la vida desnuda y por ende son ejemplo de la violencia de la austeridad.
 
5. Una fila de 300 personas se amontona en la estación de radio 710am y 990am en la ciudad de Mayagüez. Todos/as ellos/as, desean informarles a sus familiares que se encuentran bien. Las notificaciones se dirigen a familiares en otros pueblos o incluso en barrios de la ciudad, acto que en el pasado se hubiese resuelto con solo marcar el número del teléfono o celular del ser querido. Sin embargo, las compañías de telecomunicaciones no tomaron las medidas de seguridad necesarias para evitar que su red no callera ante el paso del huracán. Esa decisión ha generado, que a casi dos semanas del paso de María sigamos sin servicio de telefonía y que cientos de personas no hayan podido comunicarse con sus seres queridos. El hecho de no poder comunicarse, implica que no se puedan atender emergencias de forma adecuada, que no podamos saber si los nuestros están bien, y con ello, ha implicado que el gobierno tome decisiones sin informar a la ciudadanía.

A esa decisión irresponsable de no tomar las medidas necesarias para garantizar las comunicaciones y a la incapacidad o a la falta de interés del gobierno de regular las telecomunicaciones le persigue una estela de daño social y de muerte. Es decir, le persigue una estela de vida desnuda, amontonada una vez más a la orilla de las carreteras para tratar de hablar y captar señal.

De la mano de la incapacidad para comunicarnos dadas las prácticas irresponsables de las compañías de telecomunicaciones viene la falta de disponibilidad de efectivo y la incapacidad para poder comprar alimentos y artículos de primera necesidad. Como es sabido, sin telecomunicaciones e internet no es posible retirar dinero de las ATH. Como resultado en numerosas ocasiones hemos escucho en la radio, que familias no han podido comer dado que carecen de efectivo. El sector bancario y el de las telecomunicaciones no tomaron las medidas necesarias para evitar esta crisis y el gobierno -como era de esperar de una administración neoliberal empujada a su vez por una Junta que ha impuesto la austeridad como mecanismo de administración de la vida- no reguló adecuadamente y no impuso políticas públicas que impidieran la actual crisis.

Esta son otras muestras de la violencia de la austeridad en tanto que el gobierno de PR y la Junta de Control Fiscal renunciaron a la regulación de las corporaciones que dan un servicio básico a la ciudadanía. La junta de Telecomunicaciones, al parecer no tenía el personal necesario para regular a estas corporaciones, o simple y sencillamente fue una decisión deliberada de la racionalidad neoliberal de no regular. ¿Podemos ya hablar de crímenes de estado y corporaciones y de la imposición generalizada de la vida desnuda o todavía necesitamos más muertos?  

6. Los/as refugiados/as de aquí y de las Islas Vírgenes se amontonan en locales del gobierno que carecen de cualquier ápice de dignidad. Mientras que, en la burbuja del centro de Convenciones, la administración, el ejército y las corporaciones, caminan de lado a lado con el único inconveniente de no tener ascensores y escaleras eléctricas. El otro inconveniente que enfrentaban en el Centro de Convenciones era un grupo de refugiados que llegó allí en búsqueda de ayuda, ya que en la noche del huracán todos los refugios disponibles estaban llenos. Pero, la administración Rosselló tomó las medidas necesarias y les evacuó en la noche, sin explicaciones y sin humanidad. Al final, se trataba de un grupo de cuerpos que habitan la forma-de/vida desnuda.

El refugiado, la figura por excelencia de la vida desnuda, en PR cobra el sentido colonial que Agamben y Arendt no pudieron identificar y comprender. El refugiado aquí, al igual que a los de allá, se trata con desdén y desprecio, y se le condena a la sobrevivencia en un lugar que siempre está en tránsito. Una estela de sufrimiento, enfermedades crónicas y desesperación rodea los llamados refugios, sin que la administración Rosselló, tome enserio el sufrimiento de los allí internados. Al parecer, la administración Rosselló espera por la ayuda colonial (mesiánica) del gobierno de los EEUU y de FEMA, para resolver la situación precaria de estos cuerpos.

Tal vez en algún momento se percaten que en PR hay cientos de casas sin gente que le pertenece a los bancos. Bancos que el gobierno, a diferencia de los refugiados, ayudó y salvo de inmediato. Mientras tanto, el dolor y el sufrimiento se acumula en los refugios.

7. Al aeropuerto está atestado de gente que quiere salir del país. Las razones por las que estos cuerpos quieren salir de PR no son de importancia, lo que importa es que el Aeropuerto Luis Muños Marín, es administrado por una APP y que la gente que allí está, se amontona en filas reproduciendo la iconografía del dolor puertorriqueño.

Como es sabido el Aeropuerto fue una de las entidades en ser privatizadas bajo el argumento de la crisis económica. En la racionalidad neoliberal, la administración privada garantizaría el buen funcionamiento del aeropuerto. Sin embargo, la corporación administradora del Aeropuerto, como era de esperarse no tomó las medidas de seguridad para garantizar que luego del paso del Huracán pudiera seguir operando. Los gobiernos de PR y EEUU no hicieron nada para regular y exigir los mejores entandares se seguridad.

Esta es una instancia más de la violencia de la austeridad y de los crímenes de estado y de las corporaciones, y como era de esperarse nada ha pasado hasta el momento. No hay responsables, no hay trato humano, solo hay cuerpos que se amontonan, sin agua, sin luz y sin vuelos.  

8. Los/as servidores/as públicos/as (bomberos, policías y enfermeras entre otros/as) día a día trabajan turnos de 12 a 15 horas. Estos/as están trabajando en condiciones precarias. Por ejemplo, el Cuerpo de Bomberos es una de las agencias más afectadas por las medidas de austeridad (por la violencia de la austeridad) impuesta por la administración Rosselló y por la Junta de Control Fiscal. Ejemplo de las condiciones deplorables son: los alimentos que se le proveen no son suficientes para 6 personas que trabajan en cada turno; no tienen los materiales necesarios para atender las emergencias (sierras dañadas, el equipo que cada bombero debe usar en la mayoría de los casos caducó y/o no está en condiciones para resistir las altas temperaturas generadas por un incendio, etc.); los camiones no tienen diésel; el sistema de comunicación no funciona, entre otras.

Esto nos muestra que no solo la ciudadanía ha sido abandonada a la vida desnuda, sino que, incluso, los funcionarios del gobierno han sido definidos como sacrificables. Su vida ha perdido valor alguno para la administración Rosselló y para la Junta de Control Fiscal.
9. De las cenizas de Guayama, no sabemos nada hasta el momento. Asumimos que los vecinos y ciudadanos del sur y de la Isla la estarán respirando. Pero no hay que preocuparse, se trata de cuerpos que habitan la vida desnuda.

10. Probablemente al final de esta crisis notemos que el shock generado por María, sirvió, al igual que ha ocurrido en otros lugares (como nos muestra Naomi Klein) para adelantar todas las medidas neoliberales y de austeridad que el gobierno y la Junta venían proponiendo desde hace más de un año. Es muy probable que cuando regresemos, ya nada esté en su lugar. Es probable que la administración Rosselló, la Junta de Control Fiscal, el Gobierno de los EEUU, la administración de Trump y las corporaciones, no se hagan responsable por el daño social y la vida desnuda generada por su irresponsabilidad. Es probable que la conducta criminogénica que estamos presenciando por parte del estado y de las corporaciones permanezca impune. No nos sorprendería. La impunidad ha sido la marca del colonialismo estadounidense, de lo gobiernos locales, y de las corporaciones en PR.

Pero también es muy probable que la violencia de la austeridad, la generalización de la vida desnuda y que el abandono que hoy sufrimos, resulte en la emergencia de una nueva subjetividad. Ante la irresponsabilidad del estado y de las corporaciones, cada vez más la ciudadanía se va organizando y auto-gestionando. Puede ser, que el Pueblo ocupe los lugares abandonados por los gobiernos y puede ser que la vida se afirme ante la violencia y el austericidio. Hoy solo vemos la violencia, la precariedad y las condiciones de rebelión. Puede ser que mañana veamos la vida plena. 

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