Refugiados(as): migrar en tiempos del capitalismo de desastre

El huracán María ha incrementado el proceso migratorio de puertorriqueños/as a los EEUU que se venía dando desde hace décadas, jugando pues, un factor adicional en las razones para migrar. La prensa puertorriqueña y los medios de comunicación estadounidenses han insistido en categorizar María como el factor de expulsión determinante.  Ejemplo de ello es que el Nuevo Día en su edición digital del sábado 7 de octubre alegaba que más de 10 mil puertorriqueños/as han emigrado en tres días a la Florida. 

De la mano de titulares sensacionalistas, se amontonan una serie de alegorías médicas, biologicistas, físicas e incluso darwinianas para explicar la migración. Empero, bajo esas malogradas alegorías y metáforas se encubren razones sociopolíticas, económicas y coloniales fundamentales para comprender el proceso migratorio que enfrenta Puerto Rico. De ahí que, ante la inmediatez y la cogestionada realidad que enfrenta el país, consideramos pertinente reflexionar sobre algunos aspectos que motivan este fenómeno sociopolítico y económico, más allá de los titulares fáciles y desesperanzadores que avasallan la cotidianidad puertorriqueña. 

En esta breve columna no nos interesa cuestionar o incluso romantizar la migración de cientos de puertorriqueñas/os, sino que más bien, nos interesa indagar y criticar las razones que han generado estos procesos de expulsión y exilio. Al mismo tiempo, proponemos la figura del refugiado como paradigma epistémico y político y, porque no, como una categoría que puede ser resignificada con contenidos transformadores.  

1.

La migración de puertorriqueños/as a los EEUU como resultado del paso del huracán María, es decir, la migración inmediata que estamos viendo, debe ser considerada como el resultado del cambio climático y del calentamiento global. Por lo tanto, una de las primeras hipótesis que debemos manejar es que estos/as que hoy migran son refugiados climáticos.  Estos/as refugiados/as son el resultado de dos procesos fundamentales: (1) la economía capitalista basada en la extracción y destrucción; (2) el daño social y los crímenes de estado al que ha sido sometida sistemáticamente las comunidades pobres y afro-descendientes, comunidades de la región montañosa, sectores con discapacidad y enfermedades crónicas, entre otros muchos sectores del país.  

En cuanto a la economía capitalista-colonial, en Puerto Rico el modelo extractivo y destructivo ha sido el modelo del desarrollo económico a lo largo de su historia colonial. Por definición, la economía en las colonias no está diseñada para satisfacer las necesidades de los/as colonizados/as, sino los intereses de las elites colonizadoras. De ahí que, cualquier revisión de la historia del desarrollo económico puertorriqueño nos mostrará que la economía en PR ha estado fundamentada (con algunas excepciones) en la destrucción del medio-ambiente, de los recursos naturales y minerales y de la extracción de riquezas. Esas políticas de desarrollo económico han tenido sus efectos directos sobre el cambio climático. Ello lo vemos en la erosión sistemática de las costas, el incremento en zonas inundables, la contaminación y el depósito de tóxicos en las comunidades empobrecidas del país, la extracción masiva de agua por parte de las corporaciones farmacéuticas y con ello, la destrucción de acuíferos, entre otras. Todo ello, ha venido acompañado de una política neoliberal de desregulación y/o la intencional desprotección -por parte de los gobiernos locales y las agencias federales- del medio ambiente y de los recursos.  

Ante este escenario, era de esperar que, como resultado del capitalismo y de la economía basada en la destrucción tanto a nivel local y global, un huracán de la intensidad de María generara gran destrucción. Ahora bien, la destrucción no es resultado o no puede ser categorizada como un desastre natural. La destrucción es resultado de políticas criminales establecidas por administraciones que han ignorado sistemáticamente la protección y preservación del medio-ambiente y de las comunidades antes descritas. Ejemplo de ello, es el caso de la montaña de cenizas acumulada en Guayama y de la cual, hasta ahora, sabemos muy poco de lo aconteció. Ese, es el vivo ejemplo de una economía basada en la destrucción y en el daño social al que son sometidas las comunidades.

Es evidente, en segundo lugar, que las comunidades pobres, afro-descendientes, trabajadoras y aquellas ubicadas en el centro  del país serían las más afectadas por el paso del huracán María. Las inundaciones y la devastación generalizada tienen lugar en los espacios donde por generaciones se han acumulado cuerpos sometidos a la nuda vida colonial. La ecuación casi nunca falla, donde más afecta la desregulación, la violencia de la austeridad y donde menos los gobiernos contribuyen en el desarrollo sustentable, es donde más efectos desastrosos generó María.  

De ahí que, en análisis del perfil socioeconómico de la mayoría de las personas que ahora mismo están abandonando la Isla, mostrará que, en su mayoría, son personas de escasos recursos, afro-descendientes, pobres o como la administración Rosselló ha insistido en denominarle, vulnerables. De modo que, son los/as puertorriqueños/as que carecen de los recursos necesarios para disponer de una casa en lugares seguros, protegida y acondicionada para resistir el embate de un huracán. Esas comunidades, son las que han sufrido los embates directos de la contaminación, depósito de tóxicos y de la desregulación y desprotección. Estas prácticas son el resultado de un proyecto o de un un fenómeno global, que en Puerto Rico adquiere una dimensión colonial.

Los refugiados climáticos que hoy se amontonan en el aeropuerto no son el resultado del paso de María, sino de años de políticas ineficientes y criminales de desregulación y desprotección. Asimismo, son el resultado de una economía diseñada para generar sufrimiento y pobreza en lugar de una buena vida.

2.

Los/as refugiados/as climáticos/as puertorriqueños/as, son también refugiados/as económicos/as. Es decir, los/as puertorriqueños/as que hoy abandonan la Isla, son el resultado de casi dos décadas de la imposición generalizada de políticas (violencia) de austeridad por parte de los gobiernos locales y estadounidenses. De modo que, al mirar la migración masiva de puertorriqueños/as, debemos entender que estos/as han sido realmente expulsados/as.

El primer factor, que debemos considerar es que los puertorriqueños han sido sistemáticamente sometidos a un proceso de desposesión. Este proceso ha sido posible a través de la imposición generalizada de la violencia de la austeridad. Pero ese proceso violento ha implicado un esfuerzo de redistribución de las riquezas. Este proceso global, que en PR también tiene una dimensión colonial, ha implicado un incremento drástico en la desigualdad.

El empobrecimiento de los/as trabajadores/as, de las clases media y de los que ya eran pobres, en nombre del pago de la deuda, de la estabilidad financiera y de salvar la economía local, ha implicado la decadencia generalizada de la infraestructura y la calidad de vida. Las comunidades pobres, afro-descendientes, trabajadoras y aquellas ubicadas en la Cordillera Central no podían prepararse para María bajo las mismas condiciones que se prepararon la clase media alta y ricas del país. Estos últimos, a diferencia de las comunidades pobres, contaban con el apoyo del estado de bienestar. Es decir, Puerto Rico, como resultado de las políticas neoliberales promovidas por el gobierno colonial, vive un estado de bienestar a la inversa. Esto es, los/as vulnerables a través de su trabajo y desposesión garantizan el bienestar económico y social de las elites del país.

En pocas palabras, el gobierno local, al aplicar la violencia de la austeridad contra las comunidades antes descritas le abandonó a su suerte, mientras que protegió y garantizó el bienestar de las comunidades de clase media alta y ricas del país. Esto es lo que llamamos desposesión y, por ello, es que hoy vemos las inmensas filas de puertorriqueños/as que intentan salir del país. Ellos/as saben, que las ayudas no llegarán y que tendrán que reconstruir sus vidas y las de sus comunidades solos/as, sin la ayuda de ninguna entidad gubernamental.

El segundo factor, concadenado al anterior, se refiere al daño social. Como señalábamos antes, las políticas de desposesión y la violencia de la austeridad generan destrucción, desesperanza y sufrimiento entre los más vulnerables. Esa vulnerabilidad es el resultado de prácticas y/o políticas criminales que podemos denominar como crímenes de estado. Que hoy haya comunidades vulnerables, es el resultado directo de un estado que ha normalizado el daño social y, con ello, ha convertido en política pública la criminalidad estatal. Por ejemplo, que el gobernador Ricardo Rosselló hable sin tapujos y sin miramientos sobre los más vulnerables, no es resultado de un posicionamiento ético de responsabilidad por el que sufre, sino que, es las expresión descarada e impune de quien sabe que el actual sistema y su gobierno generan daño social, pobreza y vulnerabilidad (al mismo tiempo que genera riqueza para los sectores corporativos y para las élites económico-coloniales). Que el gobernador hable sobre los/as vulnerables, es la expresión de la impunidad de un gobierno que aspira a satisfacer y garantizar los intereses de las elites económicos coloniales y que ha abandonado definitivamente a los/as que sufren.

3.

Los refugiados son también producto de la colonialidad. La única solución para reestablecer las vidas devastadas por la austeridad y por la desposesión, en el imaginario colectivo, es escapar a los EEUU. Ello, es productos de años de colonialismo, de políticas destinadas a generar una conciencia política de inferioridad y de incapacidad. Los/as refugiados/as no se desplazan porque quieren sino porque son expulsados/as. Por lo tanto, la expulsión de miles de puertorriqueños/as a los EEUU, es el resultado de una serie de dispositivos coloniales (epistemológicos y ontológicos) que transforman en salvador a quien nos ha traído hasta aquí.

Por ejemplo, en el momento que el presidente Trump “repartió ayudas” en Guaynabo vimos claramente cómo opera la colonialidad en ambos lados del “el gran océano atlántico”. De un lado, un gobierno colonial liderado por un supremacista blanco que se permite el acto de humillar, zarandear y degradar a los sujetos de colonizados (considérese además el elemento racial) al mismo tiempo que se considera asimismo salvador. Mientras que, de otro lado, un sector de los sujetos colonizados, liderado por un gobernador y políticos carente de cualquier visto de orgullo propio, aceptaron el paripé sin mostrar indicios de indignación. Posteriormente, el gobernados excusaba la aceptación de la humillación, bajo el colonial argumento de que tal acto era necesario y prudente si deseábamos recibir las ayudas prometidas. Al final resulta que no solo somos víctimas de políticas corporativas y estatales criminales, sino que también tenemos que ser humillados para recibir ayudas de quien genera el sufrimiento; colonialidad.

De modo que, los/as que se refugian hoy, son el resultado de un sistema político y epistemológico que se fundamenta en un desprecio total por la vida, el conocimiento y el ser. Eso es lo que llamamos colonialidad, y los refugiados son solo el resultado, y no los causantes de ese sistema.

Evidentemente la colonialidad tiene quiebras. Las vemos día a día en las comunidades que se organizan para limpiar las calles, para cocinar, o para compartir lo que tienen y en los esfuerzos por sanar el trauma generado por el paso de María y por el abandono del gobierno local, la Junta de Control Fiscal y el gobierno de los EEUU. Sin embargo, esos esfuerzos son sistemáticamente despreciados, invisibilidades y destruidos por los gobiernos, las corporaciones y por los medios de comunicación. Cada vez que una comunidad trabaja para satisfacer sus necesidades, en los medios de comunicación se enfatiza en aquellos que comete algún delito menor, o se enfatiza en las “ayudas que vienen de afuera” o en la militarización del país. Es decir, colonialidad.

Tal vez, en algún momento, logremos revalorizar nuestros esfuerzos frente a la colonialidad, y solo entonces, los refugiados serán menos.  

4.

No todos los que se van son cerebros eso es un asunto que está más que establecido, Pero, es importante observa que como parte de la ola de refugiados estamos presenciando una reconfiguración generacional. Por un lado, los cerebros que se fueron, hace años o meses, ahora se llevan a los corazones que se quedaron. Pero por el otro, una nueva cepa de cerebros se va y con ello, se disuelven las posibilidades de reconstruir los deseos de un futuro mejor.  Este irse, está dejando a PR no solamente empobrecido (aspecto inherente de la economía capitalista-colonial) sino que también está dejando al país envejecido. Lo peor del asunto es que muchos de los/as ancianos/as que se quedan, son abandonados a su suerte. Una suerte de políticas eugenésicas impera alrededor de los corazones que se quedan.

La historia de PR nos enseña que siempre alguien se beneficia de las campañas eugenésicas, y de seguro, de este desastre alguien, en algún lugar, se está beneficiando. Por ahora nos compete identificarlos y mostrar que sus beneficios están fundados en la muerte y en el exilio de los más. Con esta ola de refugiados, también se van, como ya mencionamos, los sectores empobrecidos del país. De modo que no todos son cerebros, sino más bien corazones. Un profundo pesar, y tal vez, un corazón roto es la carga que marca el deambular de los refugiados. Esa ha sido la historia de todos los/as refugiados/as, solo que los de aquí llevan la marca colonial.

5.

A la actual ola de refugiados no les aplican los derechos humanos, ni las convenciones internacionales sobre los refugiados y desplazados. El desprecio por los refugiados, es igualmente un fenómeno global, que en PR adquiere un sentido colonial. De ahí, que nos encontremos ante la figura de un sujeto colonial abandonado de cualquier atisbo de legalidad. A los/as que hoy se van, solamente les aplica la solidaridad de un familiar, de algún amigo/a o de algún conocido, que, como el refugiado, se fue un poco antes a buscar “una vida distinta”.

No nos engañemos, esa figura sin derechos, va marcada con un sinnúmero de contenidos raciales, económicos, políticos y coloniales de los que no se podrá deshacer fácilmente. De ahí que una vez tras otra recibamos noticias de los malos tratos, de la humillación y desprecio que sufren los/as puertorriqueños/as en los EEUU. La historia del refugiado es, la historia del desprecio. El refugiado nunca llega a un lugar mejor, por el contrario, siempre está en tránsito a la espera del regreso.

6.

La desesperanza y el abandono, son las dos manifestaciones que marcan la figura del refugiado. La desesperanza no es auto-impuesta, sino que es situacional y, sobre todo, inducida. Es cierto, que la devastación es generalizada y que las comunidades pobres, afro-descendientes, y campesinas se encuentran en un estado de precariedad que en ocasiones raya lo infra-humano, pero la solución no debe ser un eslogan barato traducido de algún otro lugar. Puerto Rico se levanta, no es la solución para la situación creada por la austeridad, el capitalismo-colonial y los crímenes de estado y que María evidenció. Así como tampoco lo es el abandono al que los/as puertorriqueños/as han sido sometidos/as.

Tal vez sea momento de tomarnos en serio la figura del refugiado y de una vez repolítizarla. Es pertinente que comencemos a pensar y a mirar las razones que causan la ola de refugiados que tan banalmente reseñan los medios de comunicación, en lugar de criticar y cuestionar los que se van. Tal vez, en el momento que podamos ver al refugiado con la compasión que les corresponde a las víctimas de un sistema que les expulsa y les humilla, podamos comenzar a comprender aspectos claves de la colonialidad. Puede ser, que muy pronto la figura del refugiado sea la vanguardia política de nuestros tiempos.

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